Sobre el fuego y cuando una siente que no lo tiene
- Daniela Zuluaga
- 31 mar
- 2 Min. de lectura
El año pasado fui como parte de Casa Barullo a la edición especial que hubo de Papel Caliente. Esta es una feria maravillosa que se hace en Bogotá y que busca juntar todo el poder de la escena de la edición alternativa en el país. Yo anhelaba mucho estar ahí, pero ese día me sentía tristísima. Sentía que veía una fiesta increíble, mujeres bailando alrededor de una hoguera, pero todo a través de un vidrio. Como si no pudiera entrar, hacer parte.
Hace unos meses había logrado conseguir el trabajo de mis sueños. Estaba a cargo de una estrategia para activar la edición comunitaria en diferentes partes del país. A veces desde Barcelona me parecía que yo me estaba devolviendo a Colombia queriendo hacer algo muy específico y que no iba a poder ser. Pero así era. En ocasiones la vida te da justo lo que quieres.
Lo contradictorio es que era muy infeliz. Qué horrible que es trabajar en cultura en Colombia con un contrato de prestación de servicios. Más en el sector público. Me da mucho pesar decir eso, quisiera que realmente fuera diferente. Pero no lo es. Lo mío no es algo aislado. Me sentía completamente alejada de las formas de hacer que me gustan. Todo lo que hacía era insuficiente. Sentía que no podía confiar en nadie. Pero aguantaba ahí por el valor inmenso que tenía lo que estaba haciendo.
Sin embargo, lo mucho que ardía Papel Caliente me mostró lo apagado que estaba mi fuego.
Antes de irme de la feria pasé por el puesto de Andrea Zúñiga, de Archipiélago Indefinido, una mujer que hace unas creaciones editoriales hermosas y potentes. Ahí encontré un libro chiquito sobre el trabajo. Una especie de intenciones/manifiesto en contra de la autoexplotación. En una de sus paginitas dice: “Renunciaré sin miedo a mis sueños si son una visión lejana que me priva de vivir en tranquilidad. Si mis sueños me atormentan quizá son mis pesadillas”. Al leerlo sentí que para recuperar mi fuego debía soltar ese sueño al que me aferraba tanto. Entender que quizá la vida lo puso en mi camino justo para darme cuenta que esa ruta no era.

Salí de la feria triste, pero también con una chispita adentro. Estaba segura de que dejaría de intentar andar por un camino que realmente no era el mío. Que iba a abrirme a lo que la vida trajera.
Ahora pienso que en vez de perseguir un sueño quizá lo que quiera sea vivir en ensoñación. Vivir gustosamente. Dejarme guiar por donde mi corazón lata bonito, donde el fuego esté encendido.



Te vi en tu tarea de viajar llevando edición comunitaria por el país y te envidié mucho. Incluso dije “es el trabajo soñado”. Ahora veo que a veces una también envidia mucho la precariedad laboral que no se ve :( Lamento la experiencia.
Daniela que gusto leerte!!! Sigue buscando ese fuego maravilloso que tienes dentro. Siempre has tenido una luz especial que brilla por donde pasas ..